lunes, 14 de noviembre de 2016

PIE A TIERRA, de Felipe Zapico Alonso




Felipe Zapico nos muestra un registro hasta ahora no sondeado por él. Como me dijo el día de la presentación en el teatro de Barakaldo "salir del espacio conocido del registro amigo y cómodo no es fácil, pero sí necesario" y eso ha hecho, ha rebasado ese espacio cómodo y el resultado es magnífico en las tablas del escenario.








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ISBN: 978-84-945148-5-2 
21 cm x 19 cm / 148 pág

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lunes, 31 de octubre de 2016

"Días pares e impares" por Blanca Sarasua

Al meterme de lleno en el libro de Julián Borao, “Días pares e impares”, he tenido la sensación de conocerme un poco mejor.
“Alguien puede llegar, venir de pronto, no sé quién, conociendo/ más que yo de mi vida”, confesaba José Ángel Valente. Y tú sabes, Julián, que desde el momento que se publica un libro, pasa a depender de la creatividad de quien lo lea. Así que déjame expresarme a través de sus palabras.

Desde su primer poema, Julián nos está diciendo que sueña con lo inalcanzable. Cómo me suena esa idea. Estoy hablando contigo desde las faldas de San Miguel de Ereñozar, mi monte en Arteaga, escuchando ladrar a los perros que se comunican desde sus campas acotadas. Y es imposible no contestarte. Es lo que tiene cuando se habla desde la sinceridad. Tu poesía increpa porque nace desnuda, se muestra tal como es. Es el santuario de tu mundo interior. Pero volvamos al primer poema y dejad que os lo cuente:
“Si una sola palabra/conjugara el sentido de las cosas…”, y José Ángel Valente, que ya le hemos introducido en nuestra rueda te contesta: “Nunca sabremos, hasta cuándo o hasta dónde puede llegar una palabra”. Pero sigamos con tu libro.
“Diseñe una ventana y ábrala”, nos dices en tu manual de instrucciones… “pero nunca desdeñe la posibilidad de nubes amarillas…” Qué buena idea, Julián, podemos imaginarnos todo, podemos buscar a Dulcinea; pero no perdiendo pie en el agua, porque todo puede cambiar en un momento.
Y nos encontramos con un día impar: “La mañana es impar, hoy toca sol…” y más adelante: “…sin reducir el tiempo a divisores, toca multiplicarlo/ hasta llegar de nuevo a un día par”. Y cómo tenemos que aprovechar los días impares, esos yelmos que surgen cuando menos se esperan. Hay pocos días impares con el depósito lleno de esperanza, y hay que estirar sus horas.
Y en el siguiente poema, “Día par”, reconoces, “Esta mañana es par. Hoy toca lluvia”.
Un inciso. Ante mí tengo un árbol que se queda sin siesta, porque sus hojas charlan con el viento. Ellas también buscan una conversación que les abrigue.
“Las torres, los tejados, la lluvia persistente,
el despertar distinto a otras mañanas
y este gris que se pega a ras de suelo”,
me cuentas resignado. Pero luego no te conformas, “me aferro a la mañana”, y así resuelves un día gris por dentro.
Y por mi parte te animo a que te aferres también a la conversación entre esas hojas de mi árbol y el viento. Y me río con tu irónico poema, “Disculpen las molestias”, y más adelante me encuentro con una confidencia que comparto: “Abro mis manos/para que me traspase lo infinito. Yo soy sólo mi única certeza”. Exacto, Julián. Es la única certeza que tenemos. Nosotros mismos, aquí y ahora. Lo demás son deseos, impaciencias…
En “Chequeando las horas”, en tu segunda parte, vuelve tu ironía a sorprenderme en ese 23 F que te arruinó el recuerdo de la rotura de tu castidad, por favor, no os lo perdáis. Con qué pocas palabras se puede expresar tanto.
Y mientras os cuento mis impresiones sobre la poesía clara y honesta de este libro, parece que San Miguel de Ereñozar quiere alcanzar el cielo en esta tarde de mirada limpia, y las hojas de mi árbol parece que discuten con el viento. Alguien tiene que llevar la contraria en este quieto día. Y vuelvo a encontrarme con Julián:


“Siempre hay ruidos que adquieren la rutina/de no ser escuchados… y los escucho/cuando cierro los ojos/si penetro en la esencia de las cosas”. 




Quién pudiera, Julián, entender este embrollo donde nos han metido, así, por la cara, sin pedirnos permiso. Tengo que decir que tu poesía incita a la intimidad, a las ideas que merecen la pena. Y cuánto cuesta a veces hacerse ese traje nuevo que propones para empezar otra vez: “No hay prisiones en ti si sabes irte”, dices convencido, aunque a veces resulte imposible romper las rejas. De todas formas, seguro que compartes conmigo este lema: ya tenemos el no, vamos a por el sí.
Descanso un poco. A lo lejos, Santimamiñe. Y pienso que también estuvimos allí. Cuentan que cuando los ciervos se agotaban al multiplicarse los habitantes de la cueva, tuvieron que bajar a la marisma a por ostras y almejas. Por eso se han encontrado tantos fósiles. También nosotros, Julián, a veces tenemos que bajar a la marisma como supervivencia. Y me encuentro con tu genial idea:
“Inexplicablemente/me parece que soy todas las cosas, /me vuelvo transparente y dejo de existir/como mi nombre.” Sí, Julián, y nos absorbe un todo.
Y casi sin darnos cuenta ya estamos en la tercera parte de tu libro: “Amor, tiempos, palabras”. Y me encuentro con tu intimista poema: “Explícame”: “Tú que mides y piensas, explícame/el silencio al que me obligo…” Y termina con un ruego: “Interprétame en ti, sé tú mi pulso/y acomódame a ser lo que no soy”. Ahí queda eso.
Se acuesta el día, y la noche se muestra sorprendida ante una luna llena. Los “homo sapiens” de Santimamiñe están a punto de salir bailando por el monte, con su ritual que aún no ha terminado. Pasa la noche y nace un nuevo día que promete calor como el de ayer. Y prosigo buscando tus días impares: “Después de cierto tiempo sin entender/mi síndrome de ausencia/me estoy reconstruyendo esta mañana”. Parece que empieza bien el día, al menos en tu poema “Restauración”. Y en “Nada es lo que creo”: “He invocado el mensaje en la botella/que tiramos al mar hace algún tiempo”… Julián canta en voz alta su poesía por todo lo que a veces callamos.
 “No importa que me envuelva en los enigmas/porque todo es enigma/tras una realidad que no es real”. Y me lo dices así, como si nada, cuando dejo en el aire mi taza de café, y la gente que pasa no se entera. ¡Ah!, y por favor que alguien lea el poema “Olvido”, también “Decires”, que lo va a hacer mejor que yo.
Llega el mediodía. Mi monte se yergue pleno desafiando al calor. Los perros del valle optan por callarse desde las mínimas sombras, y yo sigo contigo, Julián, comenzando tu cuarta parte. Y reposto en tu poema “Me quedo”: “Me quedo así, esperando/extirpar lo que ha quedado en mí/por descuidado, que el hilo de sutura/me repare las llagas”.
Y llego a tu “Naturaleza urbana”, una joya de poema. Fijaos cómo nos habla de la vida en el asfalto…”la noche se ha escondido entre los bares”… A mí me habla de la soledad que se arrastra en el asfalto. Y llegamos a un insólito “Padre Nuestro”, traducido a femenino. Buena idea. Ya está bien de darle esencia masculina a todo lo trascendente. Y ya no hay árbol, ni monte, sólo este poema, “Incertidumbre” que no escapa de lo metafísico. Julián, al final de tu libro te estás poniendo serio: “Y nosotros, vencidos en la muerte/buscamos entender nuestras fronteras”. Hasta llegar a tu final, cerrando la cancela de la vida: “Dormir al fin, sin muerte y sin memoria”. Y no puedo llevarte la contraria, porque hasta ahí se puede leer.
Julián domina una poesía irónica y sincera que brota con su música de forma natural, sin alambicaciones de mal gusto. Va de la mano de la filosofía, y nos hace pensar. Y eso creo que es lo mejor que se puede decir de un libro. Así que os lo aconsejo.
 Blanca Sarasua



                                                   

miércoles, 26 de octubre de 2016

POMPORERÁS Y PALMALITÓYAS o EL INCREíBLE COMBATE entre LA POESíA TRADICIONAL y LA POESíA EXPERIMENTAL


Pasen y vean, señoras y señores, pasen y lean este libro estimulante y provocador lleno de cantinelas, galimatías y patrañas. No todos los días cae a las manos un libro que grita. Porque, aunque ustedes no lo oigan, este libro está vociferando. Por ello, les invito a que se acerquen a él con las orejas, no hay otra manera, créanme. Este libro hay que leerlo de pie y con la boca y las orejas bien abiertas. Porque los temas que aquí se encuentran están hechos para sonar.  Texto: Estrella Ortíz.

 PVP 10 €
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ISBN: 978-84-945148-4-5 / 21 cm x 15 cm / 133 pág


ROBERTO MEZQUITA
Narrador oral. Escritor de literatura infantil. Poeta. Al principio estuvo la poesía y de su mano un par de libros: La estación de las lluvias (La Galleta de Norte. 1992) y Espejo de miel oscura (Lupi. 2003). 
Luego los cuentos contados lo ocuparon todo por bibliotecas, escuelas, tabernas y librerías. Y llegaron tres libros más, recreando historias de la tradición: El Gallo Traganueces y La Vieja en la botella (publicadas ambas por OQO en el 2011) y Oveja de madera (La Fragatina. 2015).
Ese hilo infinito que viniendo de la tradición se transforma en algo diferentes, es uno de mis grandes motores, y lo expreso desde mi condición de “narrador folk” a través de cuentos, canciones y música de acordeón. 

JON ANDONI GOIKOETXEA 
Estudiaba el bachillerato en Barakaldo a finales de los cincuenta y principio de los sesenta, ajeno totalmente a la historia de las vanguardias literarias, marcado por su ciudad (Barakaldo era la ciudad que no era capital de provincia más poblada de todo el estado, una ciudad obrera, capital de la industria siderúrgica hasta el cierre de los Altos Hornos de Bizkaia) y por el ambiente obrero y antifranquista. En sus primeros escritos empezaba a usar elementos que él mismo define como extraños o absurdos, moviendo las palabras de un sitio a otro. 
Soy un obrero del arte y como tal me visto, me presento y me comporto. Nací en el año menos infinito, tránsito hacia el año más infinito y no pertenezco a ninguna generación igual que el universo del que constituyó un infinitésimo y mi obra es, ante todo, una obra de obrero. 

domingo, 2 de octubre de 2016

II CONCURSO DE POESÍA NOCHES POÉTICAS BILBAO, 2016

El pasado 30 de septiembre, el Jurado formado al efecto, dio a conocer la obra ganadora de la edición de 2016 del Concurso de Poesía Noches Poéticas Bilbao, comunicando el Presidente de dicho Jurado telefónicamente al ganador el resultado de la decisión a la que se llegó por unanimidad y consenso.

La editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) que se encargará de la impresión del libro que formará parte de la Colección Noches Poéticas de Bilbao con el número 4 es tuvo presente a través del editor Juanje Sanz, con voz pero sin voto.

Esto significa que la Colección Noches Poéticas Bilbao se enriquece con un nuevo ejemplar y dicha colección se consolida y afirma cumpliendo con los objetivos previstos de edición.

A continuación, se transcribe el texto del fallo del Jurado:


NOCHES POÉTICAS BILBAO
Reunido el Jurado del II Concurso de Poesía Noches Poéticas de Bilbao, 2016, formado por Julio González Alonso como Presidente, Juanje Sanz de la Editorial LUPI que actúa con voz, pero sin voto, y con la participación de Alberto Infante, Blanca Sarasúa, Itziar Mínguez y Teresa Ramos, tras la correspondiente deliberación en torno a las obras finalistas presentadas

ACUERDA:
Conceder, por unanimidad, el premio de la presente edición 2016 a la obra titulada “La X en la palabra” del autor Fermín Castro González, natural y residente en la ciudad de Córdoba.

El Jurado considera que la obra premiada abunda en variadas y potentes imágenes, se presenta con singularidad temática, gran riqueza de contenidos y responde a una voz poética clara y reconocible.

La lectura del poemario resulta amena y fluida con un uso rico, pero comedido, de los recursos estilíticos que aportan frescura al discurso poético. Se trata, por tanto, de un libro cuya originalidad destaca entre el resto de las obras presentadas, todo ello sin perjuicio de mantener una unidad en su estilo y tratamiento temático que se mantendrá constante desde su inicio y que le confiere un alto interés y valor literario.

Bilbao, a 30 de septiembre de 2016
Julio González Alonso
Presidente del Jurado
NOCHES POÉTICAS BILBAO

Cafeína para insomnes promiscuos, Por Alberto infante


Empezaré con una confesión: no me resulta fácil presentar este libro.

Me explicaré: acabo de cumplir 67 y Amaia Barrena tiene 27; pertenezco a la generación de la Transición, y a la generación de Amaia la Transición les debe sonar a algo, si acaso, un poco menos lejano que las guerras carlistas. En resumen, soy un hombre más que maduro de un tiempo que empieza a irse y Amaia una chica joven del tiempo que ya está aquí.

Además, por si fuera poco, desde el primer poema de este su primer libro, descubrí que Amaia posee una sorprendente facilidad para escribir, para enhebrar imágenes, sentimientos y metáforas, y también para iniciar, desarrollar y terminar sus poemas. Una facilidad que yo, que llevo escribiendo poesía desde muy joven, no he tenido nunca. Más bien al contrario. De hecho, mi primer libro publicado fue muy malo. Y tardé casi veinte en publicar otro.

Para remate siempre me costó hacer amigos. Ahora tengo bastantes, pero durante muchos años tuve muy pocos. Era tímido, retraído, malhumorado a ratos… y no tenía éxito con las chicas. Justo lo contrario de Amaia.

Joven, de su tiempo, con amigos, y con facilidad para escribir poesía… Amaia reúne varias características que envidio. Por tanto, para mí leer este libro de Amaia ha supuesto, primero que nada, un ejercicio de humildad. Porque, por si fuera poco, el primer libro de esta Amaia vitalista, sociable, simpática, es bueno. Demuestra que no hace falta andar torturado, ni adoptar tonos airados o forzadamente contraculturales para escribir buena poesía. Basta vivir, leer, mirar hacia dentro y ser sincero. El talento -y Amaia lo tiene- ayuda. Se tiene o no se tiene. Y Amaia lo tiene. Pero lo fundamental es lo otro.
Amaia Barrena y Alberto Infante 
Todos los primeros libros son especiales. Por muchos motivos. Uno de ellos porque establecen, a menudo para siempre, el Yo poético del o de la poeta. 

Amaia escribe desde un Yo trascendido a golpes a un Tu sobre el que se descargan y desde el que, rebotados, se reciben esos mismos golpes. En otras palabras éste es un libro de amor. Y, al menos en su primera parte, no de cualquier tipo de amor sino de amor romántico. Aunque el lenguaje y las imágenes que lo expresan no sean del siglo XIX sino del XXI.

Quiero decir, que es un libro escrito por una mujer joven y empoderada, una poesía de amor, de erotismo, de lujuria, de microondas, de chupa-chups, de rubias cervezas a deshora, de pieles de gallina, de selfies, de desnudos a dos cuerpos en la ducha y guerras por el último yogur, de lava-vajillas, de coyotes y correcaminos, de colchones con muelles a punto de saltar y de vitro-cerámicas.



Un libro que le hace justicia a la frase de Ana María Matute -Tal vez la infancia es más larga que la vida- con que Amaia introduce el poema titulado “El segundo columpio a la izquierda”, que es uno de los que más me gustan y que desvela, acaso mejor que otros, la propuesta interior de la poeta: 


“Te propongo un trato. / Maduremos de una vez, comportémonos como niños. / Quedemos en el segundo columpio a la izquierda.”



Y añado: éste es el libro de una chica que sabe que el País de Nunca Jamás está allí donde alguien consigue que nos deshagamos de nosotros mismos sin miedo a no hallar el camino de regreso, pues nunca se regresa si el viaje mereció la pena. Tanto menos se regresa cuánto menos de fantasía, cuánto más de hueso y tinta, de carne y riesgo ha sido el viaje.


Tal vez sea eso lo que motivó el poema “Lujuria en miniatura”, un bello poema de desamor desencantado -el inevitable final del amor romántico para cualquier mujer inteligente- que cierra la segunda -y veraniega-, y da paso a la tercera -y otoñal- parte del libro.

Que más bien debería haber sido primaveral porque arranca con una declaración de autonomía personal, femenina y feminista, titulada “Geometría de una dama en apuros”, y sigue con un canto a la sororidad con el bonito título de “Las guerreras que beben Cola-Cao”, unas gladiadoras con tacones dispuestas a comerse el mundo incluso esos días en que les cuesta habitar su piel, y la noche les pilla cortas de miras y deseosas de apretar cualquier gatillo.


Y, claro, a partir de ahí, toca reconstruirse. Con bolígrafos suicidas, termómetros de tinta y helicópteros de poesía para reciclar el mundo. Y con un nuevo abrazo, por supuesto. Pero no cualquier abrazo sino aquél que llega hasta los huesos y, cuando te sonríe, hasta resulta un placer sentirse defectuosa.

Después, a medio camino entre Rimbaud y Bécquer, descubrimos que la poesía también es “un orgasmo con un desconocido en un coche, una amiga queriéndote alguna infinidad más de lo razonable, una mirada de café ofreciéndote su teléfono…”, el hambre de devorar líneas hasta digerir soledades, saberse impar, y orgullosa y suficiente, enunciándolo al fin, quien lo diría tras haber escrito tanto, que Poesía era yo.

Artículo de fe y profesión de existencia autónoma que coincide, no por casualidad sino por esa subterránea corriente que a veces une en uno solo diversos flujos culturales, con el título de la reciente antología de poesía en español escrita por mujeres compilada por Raquel Lanseros y Ana María Merino, editada por Visor recientemente.

Y desde ahí hasta el final, la reinvención, el saberse inconquistable, rebelde, algo soberbia, como su ciudad, como su pueblo, buscando siempre la paz en las galaxias y la leche fría en la nevera, o la carta imposible al abuelo ido, al hilo de un pañuelo con un número bordado que recuerda, incluso en plena juventud, que nos iremos a menudo mucho antes de habernos ido.


Morir, vivir, olvidar… siempre vivir, pese a todo vivir, aunque la poeta se sienta un desastre que perdona a su caos, la perpetua novia de sus debilidades, la enamorada de sus propios monstruos. Parafraseando a Marx (Groucho), sostiene Barrena, muy en su estilo: “sin mis errores no podría marcar las siete diferencias en ese bonito pasatiempo desprovisto de páginas de soluciones que es el libro que pienso vivir”

La víbora ha aprendido a gatear y ya está en pie. El mundo aguarda.

Si yo fuera un historiador, un experto en feminismo o un crítico al uso -lo que desde luego no soy- diría que la poesía de Amaia Barrena se inscribe en una de las más fecundas corrientes de la cada vez más abundante poesía escrita por mujeres: aquella que sin hacer expresa profesión de fe difunde, sin embargo, lo mejor del feminismo, es decir una nueva, fresca, desprejuiciada mirada que quiebra estereotipos, anula ataduras y borra fronteras, donde lo cotidiano y el pequeño detalle no están reñidos con lo lírico, más bien lo sustancian, y la verdadera épica radica en vivir plenamente. Donde compartir importa más que competir, y trascendencia e inmanencia acaban siendo caras de una misma moneda.

Pero no se alarmen. Ya les dijo que no soy un historiador ni un crítico al uso. Así que no me pondré solemne.

Termino, pues, con una segunda confesión: llegado a este punto creí que ya estaba, que había cumplido mi compromiso y acabado la presentación de este libro de Amaia Barrena. Lo dejé, me fui a dar un paseo y me olvidé de él. 

Al día siguiente lo abrí de nuevo. Y descubrí, o redescubrí si lo prefieren -porque con la buena poesía uno siempre está redescubriendo algo-, más cosas. Descubrí o redescubrí una voz característica y un ritmo propio. Descubrí o redescubrí ingenuidad cínica y dolorosa ternura. Descubrí jueves con pantalones amarillos y albornoces al rescate, subastas de erizos y meteoritos suicidas. Simbolismo, surrealismo e hiperrealismo en amalgamas irisadas. Descubrí o redescubrí a una poeta con mucha vida y muchos buenos versos ya hoy y por delante.

Descubrí o redescubrí más cosas. Pero no quiero privarles del placer de descubrirlas por ustedes mismos.

Lean a Amaia Barrena y no lo olvidarán.

Solo me resta agradecerle a Juanje, de LUPI, que se atreva a editar este tipo de libros.

“Cafeína para insomnes promiscuos” y “Días pares e impares”, el excelente libro de Julián Borao, que luego presentará Blanca Sarasúa, nos redimen de muchas cosas. Entre otras del mal gusto, de la ramplonería, del tedio.

No es poco en los tiempos que corren. Disfrutémoslos.

Alberto Infante
Bilbao, 28/09/2016

fotografía
Unai Hueso
Amaia Barrena

viernes, 23 de septiembre de 2016

BILBAO: Presentación: Julián Borao y Amaia Barrena




Biblioteca Bidebarrieta 28 septiembre 19:30

Grandes poetas, grandes seres humanos

Poemas para soñar, reflexionar, 
sonreír y emocionarse

Una velada cultural imprescindible para los apasionados de la poesía

No te lo pierdas¡¡






La Biblioteca de Bidebarrieta (Bilbao), junto con la Editorial LUPI y NOCHES POÉTICAS BILBAO, presentará el próximo miércoles, día 28 de septiembre a partir de las 19:30, los poemarios "Cafeína para insomnios promiscuos" de Amaia Barrena y "Días pares e impares" de Julián Borao.

Editados por LUPI (La única puerta a la izquierda); "Días pares e impares" en su colección "Poesía" (nº 5) y "Cafeína para insomnios promiscuos" en la colección "Noches Poéticas" (nº 3).

Presentarán las obras la poeta bilbaína, BLANCA SARASÚA, y el escritor y poeta madrileño, ALBERTO INFANTE. A lo largo de la velada, los autores recitarán algunos poemas de sus respectivos poemarios.

Al mismo tiempo, contaremos con la actuación de la magnífica soprano MIREN DE MIGUEL, acompañada al piano por MIKEL DE VICENTE.

En el caso de Amaia Barrena, se trata del primer poemario de una joven
bizkaína muy vinculada a las Noches Poéticas, ya que fue en ellas donde se dio a conocer y demostró, no solamente que se trata de una poeta con una gran originalidad y calidad, y con un gran futuro por delante, sino también que sabe cautivar al público con su especial manera de recitar. "Cafeína para insomnios promiscuos" ha sido editado por LUPI en la colección Noches Poéticas y ha sido prologado por Ignacio Martín Lerma, profesor de arqueología en la universidad de Murcia, realizador de vídeos y de cortometrajes y, sobre todo, un gran amigo y una gran persona. Ha publicado el poemario "Primer plano" editado por el Instituto de Estudios Almerienses.

En el caso de Julián Borao, uno de los creadores de la Noches Poéticas y actual
presidente de la Asociación Artístico Cultural Noches Poéticas, se trata de su segundo poemario individual, en el que cambia el tono de su anterior poemario "Cuestión de suerte" (Ed. Vitruvio) para mostrarnos una poesía más directa y cotidiana. "Días pares e impares" ha sido editado por LUPI en su colección Poesía y ha sido prologado por MARWAN Abou-Tahoun Recio, cantautor y poeta, que presentó en Bilbao su primer poemario en las Noches Poéticas y que, tras publicar un libro disco, presentó en 2015 en Bidebarrieta su último poemario "Todos mis futuros son contigo" editado por Planeta.

Esperamos vuestra asistencia así como que disfrutéis con el acto.

lunes, 5 de septiembre de 2016

CUANDO LAS FUENTES SE HACEN PUNTO CARDINAL.

CUANDO LAS FUENTES SE HACEN PUNTO CARDINAL.
NOTAS SOBRE POESÍA INDESTRUCTIBLE DE JORGE LOCANE

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Poesía indestructible (LUPI, 2015) nos lleva a pensar en la duración de la poesía y en su capacidad de resistencia. En la medida en que nos internamos en este libro, sus pulsaciones deshacen cualquier imagen maciza y estática que pueda ser convocada por el atributo “indestructible”. La tensión entre la desintegración y recomposición de la experiencia de la ciudad conforma una perdurabilidad singular en el poemario. La percepción poética se deja llevar: “los sentidos sabemos vienen sin backup/ las formas entonces se descomponen/de  componen/ de      ponen/ d      o       nen” (33). Así, estos versos se abandonan a la erosión verbal para descubrir nuevos rostros lingüísticos.
TODO EL ARTÍCULO EN: 

viernes, 12 de agosto de 2016

Días pares e impares por Alonso de Molina

“Escribo desde el cero, sumo y resto palabras buscando un resultado”. 
Julián Borao. "Días pares e impares"




Son las 9 de la tarde. Es una hora amorfa. Imprecisa. Pero es una buena hora, más si la tarde ha logrado calmar el viento de estos días. Las noticias de la tele solo hablan de los Juegos Olímpicos, de los tejemanejes politicastros y de la media hora de fama del friki o la famosilla de turno. Desde hace dos días, quiero decir dos noches, vengo escuchando a Ella
Fitzgerald y Joe Pass, si el álbum de ambos “Duets in Hannover – 1975” me gustó, “Again – 1976” me deja prendado de la voz de Ella; la Fitzgerald muestra todo el dulce y toda la sensualidad como para hacer que te eleves con la calma tranquila del incienso. Él, Joe Pass, logra que la guitarra parezca un piano de cola por la sonoridad y la limpieza de sus notas. El tardío té de hoy no pierde su fuerza, lleva azahar, son hojas puras que hacen calmar aún más el buen temple de la tarde. Tarde, otra más, que tengo entre mis manos el libro de poemas “Días pares e impares”, firmado, como no, por su autor, mi amigo, Julián Borao.



Es difícil escoger solo algunos versos. Días pares e impares, de Julián Borao, es un libro denso, con una madurez poética que advierte que hay poeta para rato, para muchos años; respecto a obras anteriores se advierte un uso más desenvuelto del lenguaje y logra expresarse meridianamente y a través de poesía, sobre los acontecimientos que han sucedido en un espacio importante de su vida: “De entre todas las vidas que he podido vivir / me aferro a las cuestiones del instante”. Borao se manifiesta en estos versos, de calado zenista, con la complejidad del que se afirma cómodo en el vacío existencial, a la vez que busca “las palabras conocidas” para dejarse llevar en “este extraño asombro de existir”.

¿Es un libro autobiográfico? No necesariamente, pero el poeta, en Días pares e impares, nos permite entrar en su propio mundo ahondando en el misterio del tiempo, de los días, lo perdido, lo vivido, lo recobrado… y a la vez, Julián Borao, nos invita a penetrar en los recovecos del ser humano, en su naturaleza más íntima, haciendo de la poesía una página en blanco que –antagónicamente- lo muestra todo.

“Escribo desde el cero, sumo y resto palabras buscando un resultado”. Quién nos puede asegurar que no busca, la poesía, nuestros ángulos oscuros; esa parte desconocida, intrínseca, que nos despierta sensaciones que oscurecidas nos habitan como costras soldadas a las emociones. Y, milagro, simplemente un verso, nos hace tragar saliva despertándonos sensaciones latentes, tal vez vencidas, arrinconadas en alguna cavidad vacía, en algún ángulo muerto de nuestras emociones. Julián Borao, expone en Días pares e impares, una poética humanizada, empática con los lectores que podrán verse reflejados en muchas de sus elucubraciones.

Percibo la poesía de Julián Borao, como una poesía orientada hacia la búsqueda de una lírica libre de artificios pero a la vez rica en recursos estilísticos. “No sé dónde ha quedado la mañana / no sé dónde han quedado mis olvidos / se han quedado, quizás, en la otra vida / que persigue la vida que ahora vivo / y que secuestra a veces las mañanas / que sin saberlo quedan para siempre”.

Tantas veces que no sabemos expresar con palabras nuestras emociones nuestros sentimientos y lo peor, no sabemos o no nos atrevemos a expresarlo con acciones sencillas como una sonrisa, un guiño de ojo, un apretón de manos, un abrazo, un beso... La poesía es capaz de hallar nuestros ángulos oscuros y ayudarnos, a salvar cualquier obstáculo emocional, tal vez mental. “Quizá intenté vivir cada minuto / o reinventé rutinas / del código que habita en lo escondido”.

En un poema las palabras no son palabras. Las palabras pueden ser un rumor a mar, un aire lleno de oxígeno, un horizonte amable, un amor, un recuerdo entrañable, una puerta abierta, un hogar. “Pueden mis ojos perseguir la sombra / de los días que vuelven / recordando tu nombre”.

El lector tiene la opción de leer un poema o no leerlo y si lo lee tiene, tiene la facultad de interpretarlo, de ver pájaros o nubes negras. El lector es el verdadero protagonista y dueño del poema. El poeta no. El poeta, en cambio, no tiene la oportunidad de escribir lo que desea escribir. El poema se escribe por sí mismo, el poeta es tan solo un instrumento de la poesía. Y el poema puede ser esa ráfaga de viento que abre las ventanas para mostrarte ese mundo que tal vez tenías arrinconado en algún ángulo dormido de tus emociones. Lector y poeta son complementos del poema.